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domingo, 4 de septiembre de 2016

EL COLIBRÍ - LEYENDA

No fue hasta el año 2008 cuando vi por primera vez un colibrí de carne y hueso. En ese entonces yo vivía en Mar del Plata (Argentina), y el encuentro me dejó maravillada.

Sus colores vivos y tornasolados brillaban bajo el sol de mi país de acogida. Recuerdo claramente la primera vez que topé de cara con uno de ellos, fue justo a la entrada del Bosque Encantado en Miramar. El animal comenzó a revolotear a mi alrededor y a él se le unieron un par de amigos. Los tres estuvieron jugueteando alrededor durante más de media hora. Volaban de una flor a otra sin tregua ni pausa, y me hicieron sentir una con ellos.
En mi país de origen, España, no hay colibríes. Por supuesto, tenemos muy diversas clases de aves a cuál más preciosa, pero no colibríes. Así que cuando uno es ya adulto y se encuentra con tan bello animal por primera vez, lo guardará en su memoria para siempre jamás. Lo recuerdo como si fuera ayer. 

Cuenta una leyenda guaraní que la muerte no es el final de la vida, pues el hombre, al morir, abandona el cuerpo en la Tierra pero el alma continúa su existencia. Dice también que se desprende el alma y vuela a ocultarse en una flor a la espera de un mágico ser.

Entonces es cuando aparece el "mainimbú" (nombre guaraní del Colibrí) y recoge las almas desde las flores, para guiarlas amorosamente al Paraíso. Ésta es la razón de que vuele de flor en flor.

Antiguamente se creía que el colibrí provenía de un país de hadas, y quien tenga hoy el placer de contemplarlo, no estará lejos de opinar lo mismo.

El Colibrí habita en toda América pero especialmente en zonas tropicales. Hay distintas especies: el sunsún de Cuba no alcanza los 5 centímetros de longitud y es el pájaro más pequeño que se conoce. Su nido es diminuto como su dueño: apenas tiene el tamaño de una nuez!!

Cuando vuela, sus alas vibran a una velocidad increíble y es imposible distinguirlas. Mientras absorbe el néctar parece como si su cuerpo se encontrara suspendido en el aire.

Si lo ven, pónganse contentos, porque se cuenta que cuando un picaflor o colibrí se acerca a una casa, es señal de que habrá gratas visitas y de que un alma será amorosamente guiada al Paraíso.

LA LEYENDA DEL COLIBRÍ

Desde hace tiempo, los más viejos de la tribu cuentan la trágica historia del amor de dos jóvenes.

La bella Flor, morena, esbelta y de grandes ojos negros, estaba enamorada de Ágil, un joven inquieto, apasionado, juntos solían pasear al atardecer por un bosquecillo cercano, a la orilla de un arroyo impetuoso y juguetón. Pero como los enamorados pertenecían a dos tribus enemigas, se veían poco, pues debían mantener su amor en secreto.

Un día, sucedió lo que tanto temían: unos familiares de la joven descubrieron el romance y lo comentaron al jefe de la tribu. Desde esa tarde, Flor tuvo prohibido volver al lugar de los encuentros.

Pasaron los días. Una y otra vez, Ágil la buscó sin hallarla en la penumbra suave y tibia del bosque hasta que la Luna, apenada por su dolor, le contó lo que había sucedido y agregó:

–Ayer he visto otra vez a Flor, muy angustiada, lloraba amargamente pues está desesperada.

Quieren que se case con un hombre de su tribu y ella se ha negado. El dios Tupá escuchó su lamento y se apiadó de su dolor, mi amigo el Viento me contó que Tupá la transformó en una flor.

–¿En una flor? Dime, ¿en qué clase de flor? ¿Cómo puedo encontrarla?

–¡Ay, amigo! No puedo decírtelo porque no lo sé… –respondió la Luna.

El muchacho palideció y solicitó la ayuda de su dios:

–¡Tupá, tengo que encontrarla! Sé que en los pétalos de Flor reconoceré el sabor de sus besos. ¡Ayúdame a dar con ella!

Ante el asombro de la Luna, el cuerpo de Ágil fue disminuyendo cada vez más. Se hizo pequeño, pequeño, hasta quedar convertido en un pájaro delicado y frágil de muchos colores, que salió volando rápidamente. Era un colibrí.

Desde entonces, el novio triste pasa sus días recorriendo las ramas floridas y besa apresuradamente los labios de las flores, buscando una, sólo una. 

Desde hace tiempo, los más viejos de la tribu cuentan también que todavía no la ha encontrado…



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