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jueves, 5 de noviembre de 2015

EL ERIZO (Cuento)

Papá tenía cuarenta años, Pablito tenía diez, y el erizo muchos menos.

Pablito trajo el erizo a casa envuelto en un gorro. Al entrar corrió hacia el sofá donde estaba sentado su papá leyendo el periódico.

—¡Mira papá!

Él puso a un lado su periódico y observó al erizo con cuidado, por arriba y por abajo. Era muy bonito, de patitas color marrón. A papá le pareció muy bien que a su hijo le gustaran los animales, a él mismo le gustaban desde la infancia.

—¡Qué bonito erizo! —dijo papá — muy simpático ¿de dónde lo sacaste?

—Me lo dío un niño en el patio de juegos —dijo Pablito

—Ah, te lo habrá regalado —especificó papá

—No, hicimos un trueque —dijo Pablito. —Él me dio el erizo y yo le di un billete

—¿Un billete? ¿qué tipo de billete?

—Uno de lotería, — dijo Pablito y puso al erizo en el piso. —Papi, hay que darle leche.

—Espera un momento — respondió papá no muy agradado. —¿y de dónde sacaste un billete de lotería?

—Lo compré —Respondió el niño

—¿A quién?

—A un señor que estaba en la calle. Él tenía muchos billetes parecidos, costaban un centavo. ¡Ay papi, el erizo se metió debajo del mueble!

—¡Deja al erizo en paz! —respondió papá con voz exaltada, agarrando a Pablito de los hombros — ¿y cómo es que le has dado tu billete de lotería a un chiquillo? ...¿y si era un billete ganador?

—Ah sí, sí era un billete ganador, papi.— respondió Pablito mientras miraba el erizo.

—¿Qué dices? ¿Era un billete ganador? — preguntó papá con voz angustiada, mientras su nariz se llenaba de sudor. —¿y cuál era el premio?

—¡Un automóvil! —dijo Pablito y sonrió.

—¿Cómo? —dijo mientras sus manos empezaban a temblar —¿Un automóvil? ¿Cómo estás tan seguro?

—¿Que cómo que cómo lo sé? —exclamó Pablito muy ofendido. —Pues lo vi en el periodico. Los primeros números eran iguales, los demás también, y la serie. Papi, hace tiempo que puedo leer el periódico ¡ya soy mayorcito!

—¡¿Mayorcito?! — papá gritó tan fuerte que hasta el erizo salió de debajo del mueble y se hizo bolita, asustado. —¿Mayorcito dices? ¿Has cambiado un automóvil por un erizo?

—Pues pensé —respondió temeroso Pablito, — yo pensé que como ya teníamos automóvil nos hacía falta un erizo...

—¡Cállate! — Vociferó papá y de un salto se puso de pie —¿quién es? ¿quién ese niño? ¿dónde está?

—Vive en el edificio de al lado, —susurró Pablito y se puso a llorar. 

—Se llama Cesar...

—¡Pues vamos!— volvió a gritar papá y agarró al erizo con las manos desnudas. —¡vamos rápido!

—No quiero ir. ¡quiero un erizo, no un automóvil!

—¡Que vayamos te digo! Si conseguimos que nos devuelvan el billete te compro cien erizos...

—No...—gimoteó Pablito —No creo que puedas... Cesar no quería dármelo, tuve que insistirle mucho...

—Claro... ¡Evidentemente eres todo un pensador! — increpó papá —¡vamos ya!

Cesar tenía siete años. Estaba de pie en medio del patio de juegos y veía con temor cómo se acercaban los tres, Pablito, el erizo y papá que los llevaba a ambos.

—¿Dónde? —preguntó el hombre— ¿Dónde está el billete? ¡Pilluelo, toma tu erizo y dame el billete!

—Señor ¡yo no tengo el billete! —dijo Cesar temblando.

—¿Entonces dónde está? — gritó papá —¿qué has hecho con él? ¿lo vendiste?

—Hice un avioncito — sollozó Cesar.

—¡No llores! — dijo papá, intentando mantener la cordura. —No llores, niño... Entonces me dices que hiciste un avioncito con el papel ¿dónde está el avioncito? ¿dónde?...

—Cayó en aquella cornisa...—respondió Cesar, y señaló con el dedo la cornisa de un segundo piso
Papá se quitó su abrigo y se dio a la tarea de trepar por el tubo de canalización.

Se resbaló dos veces, ensució su camisa y se hizo un par de raspaduras en las manos, pero al fin logró tomar el avioncito que ya estaba un poco mojado por la llovizna.

Al bajar, respirando con dificultad, desdobló el billete y se dio cuenta que había sido impreso hace dos años.

—¿Cuándo lo compraste? —preguntó, mirando a Pablito a los ojos.

—Lo compré cuando estaba en segundo de primaria — respondió el pequeño.

—¿y cuándo lo comparaste con el número del periódico?

—Ayer.

—Es otro tiraje... —dijo papá con tono decepcionado.

—¿y qué hay de malo en eso? Los números son los mismos.

En silencio, papá se alejó y luego se sentó en la acera. Su corazón latía fuerte y veía círculos color naranja frente a sus ojos. Bajó la cabeza apesadumbrado.

—Papá, —dijo Pablito suavemente al acercarse a él. —¡No te sientas mal! Cesar dice que igual nos da el erizo.

—¡Gracias! —pronunció él —Gracias Cesar...

Se puso en pie y se fue a casa. De repente sintió cómo la tristeza recorría cada vena y músculo de su cuerpo porque entendió que aquel tiempo en el que su corazón cambiaría un automóvil por un erizo ya había pasado y no regresaría.


fuente:GrigoriGoren

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